Sábado, 4.30 de la madrugada. En la oscuridad apenas herida por la luz amarillenta de un poste, la calle se vuelve animal y suenan solo trinos y ladridos esporádicos. A ellos se suma el quejido cadencioso de una bicicleta que aparece en escena, circulando por el centro de la calzada con una bolsa…